15 abr. 2012

Bajo Cuerda

-Uuff!, por fin conseguí estos zapatos, era el último día de oferta. Ese saque que me convidó Laura, “para quitar fobias” según dijo, me tiene dada vuelta, apenas podía articular en el local de Stiletto Shoes. Pero, valió la pena...- Así iba elucubrando, entre una niebla mental, Sofía, mientras descendía por la escalera mecánica casi sin darse cuenta, por suerte para ella, su terror hacia esos mecanismos la perseguía desde la pubertad, cuando una cinta mal ensamblada estuvo a punto de devorarla sin aviso, a no ser por aquel guardia tan bien puesto que le tendió una mano a suerte y verdad. Tan fuera de sí estaba, que no reparó en que los escalones la llevaban más allá de la superficie del shopping, debajo del tránsito febril de consumidores, muy lejos de la salida, del remis a casa, del aire porteño altamente contaminado. Así fue que llegó a una zona en penumbras. Medio mareada todavía, tardó en acostumbrar la visual, cuando lo consiguió pudo distinguir formas oscuras rodeándola. Sintió el pavor mezclándose con las náuseas características del fóbico. Sin soltar la caja de zapatos, intentó la huída, pero una mano fuerte la retuvo, el grito en consecuencia se le atragantó pues otra mano le tapó la boca. –Sssshh, ¡no grites, boluda!- era un susurro hosco, imperativo. Aterrorizada, murmuró lastimeramente: -Aay, ¿qué me van a hacer?- contra toda lógica, le vino a la mente una imagen mítica de la Coca Sarli, pero se abstuvo de pronunciar la afamada “qué pretende Ud. de mí”. – Nada!, no queremos hacerte nada malo, pero si gritas levantás la perdiz, y nos van a descubrir. –Pero, ¿quiénes son ustedes.?-. Ahí el susurro cambió de tono, tornándose amistoso y algo sobrador dada la situación planteada, -somos Los Subtes-, fue la extraña respuesta, seguida de risitas que surgieron de los cuatro costados. Con el tiempo, llegó a enterarse de que aquel grupo provenía de un desalojo efectuado por fuerzas del orden dudoso cuando la crisis del 2001, en una institución para personas ciegas, y fueron a parar allí por carecer de otro lugar mejor, mientras se construía el gran centro de compras. Dieron con ese sótano bajo cuerda gracias a las instrucciones de Isaías, una especie de líder que también distribuía las tareas y lugares donde mendigar. Como todos imaginamos el tal Isaías era tuerto. A pesar de su aparente frivolidad Sofía cobijaba un lado delirante o quizás una idea de que la vida estaba en otra parte, como dijo Rimbaud poeta de su preferencia, por lo que entabló sin problemas amistad con aquel inaudito manojo de eremitas furtivos, quienes al comprobar su buena disposición no dudaron en ofrecerle algo que pitar y comida birlada a los motoqueros del macdonal. Como la muchacha poseía visual en óptimas condiciones se la designó encargada para obtener víveres a como diera lugar porque de efectivo poco y nada, las limosnas eran un mal recuerdo. También ropa, generalmente hurtada de las góndolas kilométricas faltas de vigilancia, y hasta celulares que hallaba en los baños públicos, dentro de carteras abandonadas a su suerte, o sobre las mesas de los cuantiosos bares mientras los dueños iban de cuerpo y espíritu; gracias a esos aparatitos desagradables, muchos de los allí sumergidos pudieron mandar mensajes de feliz nochebuena, sin revelar ubicación o dato que pudiera delatarlos. Sofía, acostumbrada a las penumbras, no tardó en formar pareja con Isaías, del que no tuvo hijos por temor a que le nacieran con vista sana ¿y cómo explicarles?. A la temprana muerte de su marido (se le puede llamar así pues un cura renegado los casó con todas las de la ley eclesiástica) lo sucedió en el poder, y aún reina entre las sombras, proyectando nuevos túneles bajo los pisos alfombrados lujosamente del centro comercial, que por otra parte no para de crecer hacia lo alto y ancho, sin revisar los sótanos dios nos libre. Autor: Albin Blog: arlane-simbionte.blogspot.com Título del cuento= BAJO CUERDA Idea: Silvana Dec 24, 2009 02:48 PM Una minita loca por las compras, pero fóbica a las escaleras mecánicas...se toma un Rivotril con Gamexane y Tafirol y sube de la mano de su mejor amiga a la temida cinta metálica del shopping más famoso de calle Corrientes, para buscar unos lindisimos "stilettos" color chapa al 2° nivel. Obviamente llega mareada y vomitosa, pero adquiere su preciado par de zapatos. Idem, para bajar, todos los síntomas reaparecen, pero "bien valieron las molestias corporales" y va muy contenta con sus stilettos puestos. Llegando casi, casi a tocar "tierra firme", sigue de largo, por la escalera, pero para el lado de adentro, donde se encuentra con 346 femeninos y 57 masculinos que viven en ese submundo, bajo las escaleras mecánicas y se la pasan intercambiando ropa y demás chucherías de shopping caro. Están todos como robotizados, alienados, un poco locos...solo una mujer tiene celular con bateria autorecargable y piden delivery al "Mc Nonal", que obviamente baja via escaleras y llega todo hecho puré...nunca nadie se enteró que ahí debajo vive gente desde la gran Depresión del 2001. Nadie NUNCA reclamó por ellos. (Ojo: los empleados del Mc Nonal no pueden, por decreto laboral interesarse por nada que le acontezca a sus clientes, mas que queden satisfecho con la comida) Hasta que un dia...

11 sept. 2011

El Caballero

Camina lentamente por el sombrío bosque, la niebla al ras del piso no le permite ver por dónde.
Una importante misión le fue encomendada, sólo si la lleva a cabo con éxito podrá recuperar la DIADEMA DE ESMERALDAS que lo llevará hacía su esposa, la legítima portadora.
Muchos han muerto en el intento, pero él no podrá darse ése lujo; el monarca del reino vecino, conocedor de su fama de aguerrido, se atrevió a secuestrar a su esposa y ha amenazado con matarla si no se compromete a acabar con el malvado dragón que azota sus dominios.
Si no le muestra la cabeza de la bestia a los emisarios del rey que lo han acompañado, jamás le entregarán el mapa que conduce al lugar donde la tienen cautiva y que será su tumba.
Ha oído muchas historias acerca del monstruo, quienes se aventuraron en la empresa para acabar con él terminaron incinerados, apenas puestos los pies a la entrada de la cueva; pero él ha previsto ése problema, conocer a un gran mago tiene sus ventajas, con la túnica de la invisibilidad que le ha confiado logra entrar sin ninguna dificultad.
Solo es cuestión de esperar a que el dragón se vuelva a dormir, siente el olor a humano pero no ve a nadie por allí por lo que, una vez que inspecciona la entrada, vuelve a su reposo.
En ese momento, el valiente caballero salta sobre él y hunde el filo de su mortal DAGA en su asqueroso cuello y lo va decapitando de a poco, hasta que con un tajo seco secciona la cabeza de la bestia que ya tiene las fauces llenas de ESPUMA y la lengua fuera.


Datos de la autora: Patricia O. (Patokata)
Dirección del blog: http://mismusascuenteras.blogspot.com

Idea Utilizada: Una daga, espuma y una diadema de esmeralda...
Donante: Ana GyS

1 may. 2011

Bendita Epidemia

Cuando terminó el invierno y el mundo pensó que ya estaba fuera de peligro, la primavera sorprendió con un bombazo de polen. En DF, México, un hombre y su alergia cambiaron el destino. Un día, mientras podaba sus malvones, la afección de este buen hombre mutó y comenzó a expandirse. El caso se conoció en el mundo entero, a través de los canales de noticias y la masiva Internet. Nadie entendía qué estaba pasando; nadie respondía con certezas, sólo con risas. Los demás países cerraron sus aeropuertos. Se prohibieron los nachos y el guacamole. Los pocos mexicanos que ya estaban de vacaciones o trabajando fuera de su país tuvieron que soportar el desprecio y el miedo. Pero las epidemias no respetan fronteras ni discriminaciones, y pronto todos los ciudadanos de este pequeño universo, uno a uno, fuimos tomados por la garganta y el pecho. Y nuestras panzas, al contraerse, se volvieron más flacas y menos agarrables. Los gimnasios perdieron a sus socios y los capos cómicos se sintieron obsoletos. Los ojos se cegaron, inundados de lágrimas dulces. Los músculos faciales trabajaron sin descanso y algunas mandíbulas se rompieron hueso a hueso. Cuando un amigo le contaba a otro sus problemas, en seguida se peleaban, por la incomprensión del segundo que se descostillaba frente al dolor ajeno. Ya nadie manejaba; los aviones no volaban y no había barcos que cruzaran el mar. Nadie podía dominarlos. Nadie podía dominarse. El mundo se fue desintegrando. Pero no nos importó. No sufrimos el apocalipsis como lo hubiéramos imaginado. Le dimos una calurosa bienvenida y todos juntos nos ahogamos en una aliviadora carcajada.



Datos de la autora: Janice Winkler
Dirección del blog: www.janiswinkler.wordpress.com

Idea Utilizada: un cuento donde se desata una pandemia y mueren millones de personas...de risa
Donante: Sergio

Las transfusiones también se hacen imágenes


Nombre y apellido de la ilustradora: Maria Eugenia Funes
Blog: http://www.flickr.com/photos/marujita_things/

Idea utilizada:
"Un cuento sobre un caracol que soñaba tener pies para usar zapatillas"
Donante: Sergio 15/12/2009

24 oct. 2010

La tumba equivocada

¡Qué cosa extraña el dolor!
Nos vuelve vulnerables, mortales al fin.
Perder a alguien es tener miedo, ser frágiles, pensar en nosotros mismos, vernos en ese momento final.
A mí siempre me consolaba ir a su tumba, no sé si porque pensaba que él tal vez me vería desde algún lado y le demostraba que no lo había olvidado.
Sabía que lo había amado con pasión, incondicionalmente, con perdón, con vehemencia…
¡Qué cosa extraña el dolor!
Pensaba en cada flor que le llevaba, todas me recordaban diferentes instantes de haber estado juntos, yo sabía que me había amado, tantas cosas compartidas…la vida misma sin secretos, simple, con altibajos, con discusiones, con amor.
Al llegar algo extraño me sacudió, había ya un ramo de flores grande, colorido con olor a fresias intenso, frescas. Me sentí sacudida, yo también las llevaba, sabía de su preferencias por ellas en ésta época del año.
¿Quién lo estaba mimando? Me pregunté. No tenía a nadie más que a mí, lo sabía muy bien, ¿Y qué le hubiera llevado fresias? Era algo nuestro…
Mi rostro se llenó de lágrimas, no sé si de celos, de inestabilidad, toda la que no había sentido cuando aún estábamos compartiendo nuestras vidas. ¿Qué significaba esto?
Paralizada, no atiné a reaccionar, mi mente corría por los recuerdos.
Y si algo no me hubiera dicho…
¡Qué cosa extraña el dolor! Podría perdonarlo… no lo sabía...
Podría olvidar… no lo sabía...
Por qué esto, justo ahora. Ya la vida me había dejado su ausencia.
Sólo miraba su nombre. Me sentía muy sola. Aún con las flores en mi mano, lo miré por última vez, él llevó su secreto y yo llevaría mi sentimiento…
Volvería... aún no lo sabía.
¡Qué cosa extraña el dolor! Convivencia de pesares, debilidad y fortaleza, amor y odio.


Autora: Eva Monsalvo
Mail: monsalvo@arnet.com.ar

Idea utilizada: "Alguien deja un ramo de flores en la tumba equivocada y cuando llega el marido/la esposa, imagina cada cosa..."
Donante: Mojito 06/08/2010

26 jul. 2010

El caracol que soñaba con tener pies para usar zapatillas

Como todos los días, Marvin, el lagarto, se levantaba muy temprano.
Se ponía su sombrero negro y su capa dorada hecha a mano.

Sacaba su gran cartel, que decía: ¡Hoy es el gran día!
Pide lo quieras hasta una sandía!

Marvin se sentaba en su silla de hojas y esperaba a su primer soñador.
Su primer visita fue Filomena, la abeja, que quería un sombrero para su antena.

Marvin la miró y dijo: Sacatepuf!
Y apareció unos anteojos grandes y rojos como para una ballena.

Luego, Luisa, la ardilla, quería una pizza.
Sacatepuf! Una camisa.

¡Pobre Marvin! Hacía lo que podía …

- Esperen- dijo , -pidan un último deseo-
Y Ramón, el caracol – dijo- ¡Yo quiero unas zapatillas!
Y que sean amarillas.
-¡Para ser el primer caracol
que juegue basketbol!-

-¿Estás seguro, Ramón,
que lo quieres de corazón?-
- Sí, Sí, es lo que más quiero,
y con gran anhelo!-
-Yo siempre he soñado
Ser afamado!-

Marvin movió su varita:
¡Sacatepuf!
Y en lugar de una cucharita,
Las zapatillas amarillas!

Ramón se volvió loco de alegría
Tanto que ya ni comía.

Y sí fue famoso con su rol ,
De ser el caracol
Que con su gran deseo del corazón,
Pudo caminar, correr y jugar al sol.


Autora: Eva Monsalvo
Mail: monsalvo@arnet.com.ar

Idea utilizada:
"Un cuento sobre un caracol que soñaba tener pies para usar zapatillas"
Donante: Sergio 15/12/2009

9 jul. 2010

Una pandemia de panaderia

Al pobre Mauricio lo habían mandado a comprar facturas. Siempre era igual, al único a quien obligaban a hacer cosas era a él. Que las masitas para tía Elvira, que regarle las plantas a la abuela Elvira, que llevar a la prima Elvira a la plaza, visitar al tío Elvio, etcétera. Un etcétera largo, vale decir.
Esa mañana caminó tres cuadras, pisó una baldosa de esas que engañan a primera vista, e insultó en buena forma antes de entrar a la panadería.
Pensó que el mundo no era para él. A pesar de sus treinta y dos años, seguía siendo el changarín de la familia y para colmo más de siete personas lo separaban de la docena de facturas tan ansiada.
Estaba distraído, hasta que notó un revuelo importante. Los clientes de la panadería se aglutinaron en torno a un petizo morochón, que hablaba como si tuviera la boca llena de saliva. Mauricio se acercó, no quería perderse tal acontecimiento.
Todos lo alababan como si fuera un semi-dios, el centro de la fiesta.
De una vez por todas empezó a hablar, sin prisa pero sin pausa. Los clientes empezaron a reír de forma intempestiva y abominable, sacados de quicio¬. Algunos cayeron al suelo. Es más, quien había contado el chiste también estaba en la misma situación.
Con lentitud, como si toda la humanidad dependiera de una docena de facturas, fueron desplomándose en el piso, riendo, hasta que por fin, inmóviles, murieron.
El único no damnificado había sido Mauricio. Se sirvió dos docenas de facturas y salió a la calle. Nada había cambiado. El semáforo en correcto funcionamiento, varios choques, los perros caminando con sus correas solos. ¿Solos? No puede ser, pensó Mauricio para sus adentros.
Vio gente en las veredas con muecas de dolor riendo, todos dejando de lado la vida.
No había tiempo, le restaba volver a su casa y contar lo sucedido, antes de que se desatara una verdadera tragedia.
Llegó con la lengua afuera y en el primer intento no pudo poner correctamente la llave en la cerradura. “Los nervios” se excusó. En la tercer oportunidad lo logró.
- Mauricio, ¿dónde estabas? – preguntó mamá Elvira.
- Sí, te pedimos facturas para el desayuno, no para la merienda nene – dijo el tío Elvio con signos de fastidio.
- Pasó algo terrible – comentó Mauricio.
- Siempre con excusas… – volvió a intervenir Elvio.
Mauricio trató de ser lo más claro posible. Le resultaba difícil creer y mucho menos afirmar que un chiste pudiera causar tantas muertes.
- Ah bueno, llego la hora de la pavada. A ver, cuál era el chiste.
- Pero tío yo no lo entendí. Lo contó un petizo morocho en la panadería.
- Siempre el mismo paparulo vos. Debés haber sido el único que no lo entendió. Contalo nomás.
- Decía algo por el estilo “un borracho se encuentra con una jirafa en una calesita del parque Saavedra, y la jirafa le dice…”
- ¿Qué Mauricio? ¿Qué le dice?
El mundo volvió a retrotraerse a la panadería, pero ésa vez en su propia casa. El tío Elvio, mamá Elvira, la tía Elvira y la abuela Elvira, comenzaron a balancearse hasta quedar desperdigados por el piso, como gajos de sandía, riendo, llorando de la risa.
Mauricio se sentó a tomar unos mates.
Como ellos no despertaron, ni despertarían nunca más, exclamó en voz alta:
- Miércole, lo que es la incomprensión.
Comió unas facturas y salió a la calle a buscar un perro que se adueñara de él.


Autor: Nicolas Barrasa
Blog: http://nicolasbarrasa.blogspot.com/

Idea Utilizada: "Un cuento donde se desata una pandemia y mueren millones de personas... de risa"

Donante: Sergio

24 may. 2010

La oportunidad

El sonido del teléfono a media noche siempre me produjo escalofríos. Lo supe. Era él quien tendría en su poder una carta ajada en el bolsillo, con mi número.
Ni odio, ni rencor. Más me esforzaba en recordar y sólo las cosas bellas y felices venían a mi mente. Cuánto amor desperdiciado, cuántas horas vacías de caricias. Y sin embargo, sólo me afloraba la sensación de sentir su compañía, esas largas caminatas, nuestras risas y proyectos; de haber tenido la oportunidad de estar juntos.
¿Qué nos pasó? Teníamos tanto para dar.
Lejos, ¿cuánto tiempo había pasado? No lo sé… Quizá nuestras vidas.
Palpitante aún y con una expectativa casi juvenil, llegué al lugar.
-¿Conoce usted al señor Fermín Vázquez?
- ¡Claro!
Ya mi sangre y el deseo de verlo nublaba mis pasos.
Sólo podía pensar en él, que había sido mi único amor. ¿Qué nos pasó? Cosas de la vida, me dije aún más triste.
-¡Pase por favor! Preguntó por usted.
Pude verlo, sí, aún lo amaba. Me acerco muy despacio y pienso ¡Qué tarde! Aún siento el latir de treinta y tantos años atrás. ¡Qué cruel todo! Si tan sólo nos hubiéramos dado la oportunidad de querernos, defender nuestro amor; perdonarnos.
-¡Que alegría! - dijo –. ¡Tenía tantas ganas de no verte nunca más!
Sus ojos hundidos y su voz apagada expresaban una contradicción de sentimientos.
Yo lo sabía, nuestro encuentro fue sentir lo que perdimos…la oportunidad que en ese tiempo no creímos que iba a ser única; el no querer vernos más para no tener que reconocerlo
Tomé su mano, nos fusionamos en un recuerdo que por sí sólo valió la pena haber vivido.
No hice preguntas. No hizo preguntas. Sólo nos sentimos el uno al otro.
Y en silencio, como queriendo retener las horas, en un sólo instante nos amamos una vez más.
Cortésmente exhaló su último suspiro, llevándose mi vida con él.


Autora: Eva Monsalvo
Donante: Ana GyS
Idea utilizada: Me gustaría que alguien escriba un texto sobre la inoportunidad de algunas oportunidades
Texto Utilizado: "La oportunidad"
Autora: Adriana Arroyo

25 abr. 2010

El olvido de una voz

Julián sintió que lo despertaba una especie de masaje. Una mano en su cintura y otra en su cuello presionaban como si tuviera botones. Se sentía relajado. Su espalda parecía elástica: se estiraba y luego se retraía en un flujo constante. Pero sus piernas y brazos estaban tan flexionados y cruzados que no podía moverlos. Su boca, como invocada por unas manos externas, le dio la melodía a un tango.
Desde los cinco años Julián había aprendido tangos de la mano de su padre. Por ejemplo aquel que ahora le estaba dando melodía y que antes, tantas veces, le había dado voz. En aquellas tardes de su infancia su padre lo llevaba a diversas plazas donde se sentaban a interpretar tangos. Su padre colocaba el bandoneón sobre sus piernas y traía a la vida la melodía de alguno y él le prestaba su voz. Al finalizar pasaban la gorra y su padre siempre le repetía: “Hijo: tu voz es un regalo; no la desaproveches nunca”. Pero a Julián su voz le parecía poco: deseaba tocar un instrumento. Durante años intentó aprender alguno pero cada vez que probaba la torpeza de sus manos se lo impedía. Nunca se dedicó a cantar. Cada año que pasaba fue dejando más atrás el recuerdo de su voz. Tan sólo soñaba con aquel bandoneón con que su padre le daba vida a tantos tangos y milongas.
Con el paso del tiempo Julián fue haciéndose de una suerte de museo instrumental. Cada instrumento que había probado descansaba en su desván. Pero en un espacio reservado, a modo de altar, exponía el bandoneón de su padre: un instrumento alemán marca doble A, con botones a ambos lados.
Como empujado por la visión de ese bandoneón Julián salió de sus recuerdos. Su boca ahora estaba dándole la melodía a “Bandoneón Arrabalero”. Abrió sus ojos y se vio reflejado en la lente de una cámara. Estaba convertido en un bandoneón y a su lado un tal Gardel cantaba con su antigua voz. Lo miró con supremacía: el cambio había sido todo un éxito.
Bandoneón
porque así estoy feliz
y ser un instrumento ya puedo,
vos sabés
que yo llevo en el alma
marcada una melodía.

Autora: Magicary (Alejandra Rodríguez)

Blog: http://portalezka.blogspot.com/

Idea utilizada: "Un cuento, en el cual el protagonista se despierte convertido en un bandoneón."

Donante: Nicolás Barrasa

21 mar. 2010

La araña enamorada

Se acurrucó en un rincón oscuro del galpón donde vivía. La araña estaba acongojada. Por suerte la última camada de hijos había escapado en busca de mosquitos. Sólo esperaba que no apareciera ningún araño a querer morir bajo sus patas. Hasta esa mala suerte le tocó en el reparto de clases de araña. Era de las que no podía disfrutar, las que mataban después del orgasmo. Y para agregarle más desdicha a su vida, dos por tres aparecía algún tonto con poca suerte con las hembras o le faltaba alguna pata o un ojo y se quería suicidar. Entonces la buscaba a ella; que mejor morir después del momento mágico del sexo.
Copular y no disfrutar el después. Justo a ella que se había convertido en una mimosa. A veces se asomaba por la ventana y miraba a los gatos. La asustaban un poco sus alaridos, pero después, cuantos mimos, cuantos ronroneos. Eso quería, quedarse con las patas del araño rozándole las suyas, abrazadas en un grito de placer. Pero eso jamás iba a pasar. La genética le transmitía su poder de exterminio y cuando el araño empezaba a disfrutar del momento sublime, ya estaba muerto y digerido. También le hubiese gustado un compañero por más tiempo. Necesitaba ayuda con el bordado de la tela y enseñar a sus hijos a tener cuidado con los depredadores más grandes: los pies de los hombres y los gritos histéricos de las mujeres. Hasta quizá, caminar juntos por el galpón tomados de las patas.
Ya lo había decidido, ella no podía vivir sin copular y matar, pero podía suicidarse. Afuera había un mar inmenso y mucha luz. Araña de oscuridad no soportaba el sol. Una vez intentó salir y casi se le achicharra una pata.
Esa noche se trepó por el parante de una sombrilla de la playa. A la mañana siguiente muy temprano escuchó voces. Sintió un mareo envolvente y un golpe seco la tiró a la arena. Quedó patas para arriba bajo los rayos del sol y se quedó quieta esperando calcinarse. Alguien suavemente la empujó hacia la sombra. Se dio vuelta y quedó frente a unos ojos inmensos que la miraban arrobados. Era un araño muy grande y con las patas distintas a las suyas. Vio que él se ponía colorado, bajaba los ojos y daba unos pasos para el costado y luego para atrás. Fue amor a primera vista, como todos los grandes amores. El estiró su pata y suavemente le acarició la cabeza. Ella estaba sorprendida. Los araños de la luz eran tan grandes, tan dulces, tan hermosos.
El juego de seducción previo, en la arena bajo la sombrilla, duró horas. Cuando ella en la danza erótica se resbalaba hacia el sol, él la traía suavemente hacia su pecho. Cuando llegó el momento esperado, ella se puso a llorar. Ahora no quería morir y tampoco matar a su amor. Con los pelos de la cara empapados de lágrimas, ella le explicó la clase de araña que era. El le habló de su fortaleza, de su caparazón protector y además no le importaba morir si ella era feliz. Los dos se dejaron llevar por la pasión. La araña tuvo tantos orgasmos como patas tenía; ocho. Luego lo mordió no pudiendo evitar el instinto heredado, pero se quedó tranquila. El caparazón de su amor era muy duro.
Cuando él le iba a confesar que en realidad era un cangrejo, sintió un pinchazo en el pecho. El dolor le hizo estirar las patas y una de sus pinzas aprisionó la cabeza de la araña. Murieron enseguida. Sus bocas parecían sonreír.
Durante la noche, la luna iluminó los cuerpos abrazados de la araña y el cangrejo. Pronto ordenaría a la marea sepultarlos. Las leyes de la naturaleza son inquebrantables, pensó. Desde el romance de la yegua y el burro, la luna se había vuelto muy conservadora.

Autora: Cristina Occhipinti
Blog: Próximamente

Idea utilizada: Una araña que vive en un galpón se trepa a una sombrilla y así llega a la playa. Ahi conoce a un cangrejo y los dos se enamoran perdidamente, pero ella pertenece a la oscuridad del galpón y él al sol y al mar.

Donante: Emilse Mancebo