20 dic. 2009

Las Estaciones de Ubaldo

El jacarandá era otoño. Así como los malvones eran primavera porque “llueve y se tapa con las hojas”. El verano estaba debajo de la bomba de agua, bien fresquito y húmedo. Ubaldo pensaba en las estaciones del año como si fuesen lugares y eso le gustaba mucho.
Ubaldo tenía un caparazón duro que él creía indestructible. “Calcáreo y en forma de espiral” le explicó una vez Pedro el ratón. Pedro sabía mucho porque se pasaba todo el día royendo los libros y de paso los leía.
Ubaldo soñaba con andar rápido. En invierno es mejor recorrer el jardín: “hay que moverse por las heladas”.
Lo que le molestaba eran las espinitas que se le clavan en la piel. La piel de Ubaldo era como una baba viscosa que le permitía subirse a los árboles y andar por zonas inclinadas sin caerse. Era también muy adherente por eso tardaba tanto en sacarse las malditas espinitas.
Ubaldo no andaba por la vereda por los zapatos que venían del cielo y lo podían aplastar. En el fondo sabía que su caparazón no era tan resistente.
La gallina le picó el caparazón varias veces. Le hizo algunos agujeritos, nada grave. La gallina era tonta, picaba cualquier cosa: piedras, caños de agua, monedas perdidas y pedazos de juguetes. Y hablando de juguetes una vez, Ubaldo encontró dos zapatillitas de plástico, una roja y otra azul. Seguro que eran de los nenes de al lado que se la pasaban revoleando cosas para este lado del jardín. Como no tenía pies se las puso una en cada antena. Si tuviera pies escaparía de los picotones de la gallina y de los zapatos que lo aplastan; y no se le clavarían espinitas.
Pedro estaba leyendo un libro muy sabio que no entendía demasiado, era sobre la evolución de los animales. Le gustó una frase y se la leyó a Ubaldo: “Sobrevive el que mejor se adapta a los cambios”. Fue entonces cuando Ubaldo tomó la decisión de adaptar su pellejo a la forma de las zapatillas. Mucho no le costó, pero “uno no gana para disgustos”... Las zapatillitas eran a fricción y Ubaldo anduvo un tiempo como loco chocándose contra todas las plantas y piedras que se le interponían.
Para el verano, Ubaldo manejaba las zapatillitas a la perfección. Se transformó en el más rápido del jardín: el mejor para los mandados; entregaba cartas de amor en un santiamén y de paso se divertía haciendo rabiar a la gallina.

Autor: Jorge Castagna - http://manijulio.blogspot.com/
Idea utilizada: Un cuento sobre un caracol que soñaba con tener pies para poder usar zapatillas
Nombre del donante: Sergio

4 comentarios:

  1. Bravo por la primera transfusión exitosa!

    Un lujo que haya sido don Jorge el excitado.

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  2. Como siempre un honor! y un texto fresco, da ganas de leerlo de nuevo

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  3. Hermoso Jorge, muy tierno =)

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  4. Muchas gracias! Un honor que haya tomado mi idea.
    Me gusto mucho!

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