25 abr. 2010

El olvido de una voz

Julián sintió que lo despertaba una especie de masaje. Una mano en su cintura y otra en su cuello presionaban como si tuviera botones. Se sentía relajado. Su espalda parecía elástica: se estiraba y luego se retraía en un flujo constante. Pero sus piernas y brazos estaban tan flexionados y cruzados que no podía moverlos. Su boca, como invocada por unas manos externas, le dio la melodía a un tango.
Desde los cinco años Julián había aprendido tangos de la mano de su padre. Por ejemplo aquel que ahora le estaba dando melodía y que antes, tantas veces, le había dado voz. En aquellas tardes de su infancia su padre lo llevaba a diversas plazas donde se sentaban a interpretar tangos. Su padre colocaba el bandoneón sobre sus piernas y traía a la vida la melodía de alguno y él le prestaba su voz. Al finalizar pasaban la gorra y su padre siempre le repetía: “Hijo: tu voz es un regalo; no la desaproveches nunca”. Pero a Julián su voz le parecía poco: deseaba tocar un instrumento. Durante años intentó aprender alguno pero cada vez que probaba la torpeza de sus manos se lo impedía. Nunca se dedicó a cantar. Cada año que pasaba fue dejando más atrás el recuerdo de su voz. Tan sólo soñaba con aquel bandoneón con que su padre le daba vida a tantos tangos y milongas.
Con el paso del tiempo Julián fue haciéndose de una suerte de museo instrumental. Cada instrumento que había probado descansaba en su desván. Pero en un espacio reservado, a modo de altar, exponía el bandoneón de su padre: un instrumento alemán marca doble A, con botones a ambos lados.
Como empujado por la visión de ese bandoneón Julián salió de sus recuerdos. Su boca ahora estaba dándole la melodía a “Bandoneón Arrabalero”. Abrió sus ojos y se vio reflejado en la lente de una cámara. Estaba convertido en un bandoneón y a su lado un tal Gardel cantaba con su antigua voz. Lo miró con supremacía: el cambio había sido todo un éxito.
Bandoneón
porque así estoy feliz
y ser un instrumento ya puedo,
vos sabés
que yo llevo en el alma
marcada una melodía.

Autora: Magicary (Alejandra Rodríguez)

Blog: http://portalezka.blogspot.com/

Idea utilizada: "Un cuento, en el cual el protagonista se despierte convertido en un bandoneón."

Donante: Nicolás Barrasa

2 comentarios:

  1. la occhi13/7/10 5:59

    Hacía tiempo que no entraba a Transfusiones y me enganché con este hermoso cuento desde el comienzo con el "me despierto con una especie de masaje" y que se resignifica al final tan poético y hermoso con ese hombre bandoneón. Me encantó.
    besos
    Cristina

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario Cristina! :)
    Por cierto, si no me equivoco de quien eres: felicitaciones por tu premio en el concurso de inmigrantes. Me encantaría poder leer tu texto. Por lo que escuché en la radio parecía muy bonito.
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar