24 oct. 2010

La tumba equivocada

¡Qué cosa extraña el dolor!
Nos vuelve vulnerables, mortales al fin.
Perder a alguien es tener miedo, ser frágiles, pensar en nosotros mismos, vernos en ese momento final.
A mí siempre me consolaba ir a su tumba, no sé si porque pensaba que él tal vez me vería desde algún lado y le demostraba que no lo había olvidado.
Sabía que lo había amado con pasión, incondicionalmente, con perdón, con vehemencia…
¡Qué cosa extraña el dolor!
Pensaba en cada flor que le llevaba, todas me recordaban diferentes instantes de haber estado juntos, yo sabía que me había amado, tantas cosas compartidas…la vida misma sin secretos, simple, con altibajos, con discusiones, con amor.
Al llegar algo extraño me sacudió, había ya un ramo de flores grande, colorido con olor a fresias intenso, frescas. Me sentí sacudida, yo también las llevaba, sabía de su preferencias por ellas en ésta época del año.
¿Quién lo estaba mimando? Me pregunté. No tenía a nadie más que a mí, lo sabía muy bien, ¿Y qué le hubiera llevado fresias? Era algo nuestro…
Mi rostro se llenó de lágrimas, no sé si de celos, de inestabilidad, toda la que no había sentido cuando aún estábamos compartiendo nuestras vidas. ¿Qué significaba esto?
Paralizada, no atiné a reaccionar, mi mente corría por los recuerdos.
Y si algo no me hubiera dicho…
¡Qué cosa extraña el dolor! Podría perdonarlo… no lo sabía...
Podría olvidar… no lo sabía...
Por qué esto, justo ahora. Ya la vida me había dejado su ausencia.
Sólo miraba su nombre. Me sentía muy sola. Aún con las flores en mi mano, lo miré por última vez, él llevó su secreto y yo llevaría mi sentimiento…
Volvería... aún no lo sabía.
¡Qué cosa extraña el dolor! Convivencia de pesares, debilidad y fortaleza, amor y odio.


Autora: Eva Monsalvo
Mail: monsalvo@arnet.com.ar

Idea utilizada: "Alguien deja un ramo de flores en la tumba equivocada y cuando llega el marido/la esposa, imagina cada cosa..."
Donante: Mojito 06/08/2010

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