1 may. 2011

Bendita Epidemia

Cuando terminó el invierno y el mundo pensó que ya estaba fuera de peligro, la primavera sorprendió con un bombazo de polen. En DF, México, un hombre y su alergia cambiaron el destino. Un día, mientras podaba sus malvones, la afección de este buen hombre mutó y comenzó a expandirse. El caso se conoció en el mundo entero, a través de los canales de noticias y la masiva Internet. Nadie entendía qué estaba pasando; nadie respondía con certezas, sólo con risas. Los demás países cerraron sus aeropuertos. Se prohibieron los nachos y el guacamole. Los pocos mexicanos que ya estaban de vacaciones o trabajando fuera de su país tuvieron que soportar el desprecio y el miedo. Pero las epidemias no respetan fronteras ni discriminaciones, y pronto todos los ciudadanos de este pequeño universo, uno a uno, fuimos tomados por la garganta y el pecho. Y nuestras panzas, al contraerse, se volvieron más flacas y menos agarrables. Los gimnasios perdieron a sus socios y los capos cómicos se sintieron obsoletos. Los ojos se cegaron, inundados de lágrimas dulces. Los músculos faciales trabajaron sin descanso y algunas mandíbulas se rompieron hueso a hueso. Cuando un amigo le contaba a otro sus problemas, en seguida se peleaban, por la incomprensión del segundo que se descostillaba frente al dolor ajeno. Ya nadie manejaba; los aviones no volaban y no había barcos que cruzaran el mar. Nadie podía dominarlos. Nadie podía dominarse. El mundo se fue desintegrando. Pero no nos importó. No sufrimos el apocalipsis como lo hubiéramos imaginado. Le dimos una calurosa bienvenida y todos juntos nos ahogamos en una aliviadora carcajada.



Datos de la autora: Janice Winkler
Dirección del blog: www.janiswinkler.wordpress.com

Idea Utilizada: un cuento donde se desata una pandemia y mueren millones de personas...de risa
Donante: Sergio

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