15 abr. 2012

Bajo Cuerda

-Uuff!, por fin conseguí estos zapatos, era el último día de oferta. Ese saque que me convidó Laura, “para quitar fobias” según dijo, me tiene dada vuelta, apenas podía articular en el local de Stiletto Shoes. Pero, valió la pena...- Así iba elucubrando, entre una niebla mental, Sofía, mientras descendía por la escalera mecánica casi sin darse cuenta, por suerte para ella, su terror hacia esos mecanismos la perseguía desde la pubertad, cuando una cinta mal ensamblada estuvo a punto de devorarla sin aviso, a no ser por aquel guardia tan bien puesto que le tendió una mano a suerte y verdad. Tan fuera de sí estaba, que no reparó en que los escalones la llevaban más allá de la superficie del shopping, debajo del tránsito febril de consumidores, muy lejos de la salida, del remis a casa, del aire porteño altamente contaminado. Así fue que llegó a una zona en penumbras. Medio mareada todavía, tardó en acostumbrar la visual, cuando lo consiguió pudo distinguir formas oscuras rodeándola. Sintió el pavor mezclándose con las náuseas características del fóbico. Sin soltar la caja de zapatos, intentó la huída, pero una mano fuerte la retuvo, el grito en consecuencia se le atragantó pues otra mano le tapó la boca. –Sssshh, ¡no grites, boluda!- era un susurro hosco, imperativo. Aterrorizada, murmuró lastimeramente: -Aay, ¿qué me van a hacer?- contra toda lógica, le vino a la mente una imagen mítica de la Coca Sarli, pero se abstuvo de pronunciar la afamada “qué pretende Ud. de mí”. – Nada!, no queremos hacerte nada malo, pero si gritas levantás la perdiz, y nos van a descubrir. –Pero, ¿quiénes son ustedes.?-. Ahí el susurro cambió de tono, tornándose amistoso y algo sobrador dada la situación planteada, -somos Los Subtes-, fue la extraña respuesta, seguida de risitas que surgieron de los cuatro costados. Con el tiempo, llegó a enterarse de que aquel grupo provenía de un desalojo efectuado por fuerzas del orden dudoso cuando la crisis del 2001, en una institución para personas ciegas, y fueron a parar allí por carecer de otro lugar mejor, mientras se construía el gran centro de compras. Dieron con ese sótano bajo cuerda gracias a las instrucciones de Isaías, una especie de líder que también distribuía las tareas y lugares donde mendigar. Como todos imaginamos el tal Isaías era tuerto. A pesar de su aparente frivolidad Sofía cobijaba un lado delirante o quizás una idea de que la vida estaba en otra parte, como dijo Rimbaud poeta de su preferencia, por lo que entabló sin problemas amistad con aquel inaudito manojo de eremitas furtivos, quienes al comprobar su buena disposición no dudaron en ofrecerle algo que pitar y comida birlada a los motoqueros del macdonal. Como la muchacha poseía visual en óptimas condiciones se la designó encargada para obtener víveres a como diera lugar porque de efectivo poco y nada, las limosnas eran un mal recuerdo. También ropa, generalmente hurtada de las góndolas kilométricas faltas de vigilancia, y hasta celulares que hallaba en los baños públicos, dentro de carteras abandonadas a su suerte, o sobre las mesas de los cuantiosos bares mientras los dueños iban de cuerpo y espíritu; gracias a esos aparatitos desagradables, muchos de los allí sumergidos pudieron mandar mensajes de feliz nochebuena, sin revelar ubicación o dato que pudiera delatarlos. Sofía, acostumbrada a las penumbras, no tardó en formar pareja con Isaías, del que no tuvo hijos por temor a que le nacieran con vista sana ¿y cómo explicarles?. A la temprana muerte de su marido (se le puede llamar así pues un cura renegado los casó con todas las de la ley eclesiástica) lo sucedió en el poder, y aún reina entre las sombras, proyectando nuevos túneles bajo los pisos alfombrados lujosamente del centro comercial, que por otra parte no para de crecer hacia lo alto y ancho, sin revisar los sótanos dios nos libre. Autor: Albin Blog: arlane-simbionte.blogspot.com Título del cuento= BAJO CUERDA Idea: Silvana Dec 24, 2009 02:48 PM Una minita loca por las compras, pero fóbica a las escaleras mecánicas...se toma un Rivotril con Gamexane y Tafirol y sube de la mano de su mejor amiga a la temida cinta metálica del shopping más famoso de calle Corrientes, para buscar unos lindisimos "stilettos" color chapa al 2° nivel. Obviamente llega mareada y vomitosa, pero adquiere su preciado par de zapatos. Idem, para bajar, todos los síntomas reaparecen, pero "bien valieron las molestias corporales" y va muy contenta con sus stilettos puestos. Llegando casi, casi a tocar "tierra firme", sigue de largo, por la escalera, pero para el lado de adentro, donde se encuentra con 346 femeninos y 57 masculinos que viven en ese submundo, bajo las escaleras mecánicas y se la pasan intercambiando ropa y demás chucherías de shopping caro. Están todos como robotizados, alienados, un poco locos...solo una mujer tiene celular con bateria autorecargable y piden delivery al "Mc Nonal", que obviamente baja via escaleras y llega todo hecho puré...nunca nadie se enteró que ahí debajo vive gente desde la gran Depresión del 2001. Nadie NUNCA reclamó por ellos. (Ojo: los empleados del Mc Nonal no pueden, por decreto laboral interesarse por nada que le acontezca a sus clientes, mas que queden satisfecho con la comida) Hasta que un dia...

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